Arquitectura y Arquitectos. Posibilidades de una arquitectura barcelonesa

 

Una de las causas de esta aparente ruptura de la arquitectura moderna con la tradición ha sido, seguramente, el nuevo problema de los grandes inmuebles de viviendas, tema hasta este siglo prácticamente inédito. Las enormes estanterías de las modernas casas de pisos han venido a ser el problema cotidiano de los arquitectos, a los que la tradición ofrece sólo los ejemplos de unos conjuntos y unos elementos imposibles de adaptar literalmente. Se han ensayado ante esto dos soluciones: o romper abiertamente con la tradición, o usar con libertad y no sin cierta arbitrariedad los elementos prestigiosos del clásico. La arquitectura funcional, levantando la bandera de las exigencias utilitarias, ha intentado la creación de nuevos elementos. Los pseudoclasicistas, por su parte, han intentado aplicar otra vez a los grandes conjuntos verticales los esquemas renacentistas en una mas o menos simple superposición.
 
 
En realidad, tanto una solución como otra ha sido soslayar el problema. Ni la ruptura total con la tradición ni la repetición desplazada de unos elementos pueden presentarse como soluciones definitivas. Han sido muy pocos los arquitectos que han logrado resolver los nuevos programas de necesidades manteniéndose fieles a una tradicóon. Estos seran los únicos que habrán logrado una obra cuyos valores plásticos se emparejen con las soluciones de los movimientos artísticos de última hora.
 
No ha parecido ser este el camino más frecuentado por nuestros arquitectos. De unos años a esta parte, tampoco el del funcionalismo. Ha sido el de la adaptación de elementos clásicos con un provincialismo de arquitectura sudamericana el que ha guiado nuestras últimas producciones. No ha dejado de parecernos algo extraño que esta tendencia se haya afincado precisamente más en Barcelona que en otros lugares de España. Porque en Barcelona, por lo menos, teníamos el ejemplo magnífico de los "mestres de cases" que en el siglo pasado trazaron las fachadas de las calles barcelonesas con un sentido clásico y al propio tiempo con una indepencia absoluta de los modelos arqueológicos, realmente admirables.
 
Esta arquitectura barcelonesa del XIX de la calle Ancha, de las Ramblas, de la del Duque de la Victoria, y no digamos ya de la Plaza Real o de los "Pòrtics d'en Xifré", inicia un camino acertadísimo que en estas horas de renovación puede ser un buen ejemplo para nuestra arquitectura como seguramente no se encontraría en otra ciudad europea. No quiere esto decir que las obras de nuestra generación hayan de copiar de una manera literal las formas de la arquitectura ochocentista barcelonesa.  
 
Lo que cuenta es el alto ejemplo de aquellos constructores que supieron dar un paso definitivo para, manteniéndose en el mismo sentido clásico, pasar sencillamente de la villa paladiana al inmueble de alquiler. Otro más y llegaríamos ahora de la bella y proporcionada casa de las Ramblas a una arquitectura que - a más de sus infinitas posibilidades plásticas que permitirían, por fin, verter a la arquitectura las preocupaciones estéticas que conmueven las otras artes - vendría a unificar en cierto modo y a regularizar una Barcelona demasiado maltrecha por originalidades y extravagancias.  
 
Este camino parecen indicar en una obra reciente los inteligentes arquitectos Florensa y Cases Lamolla. El inmueble que están construyendo en la calle del Duque de la Victoria y que habrá de extenderse hasta la plaza de la Villa de Ma-drid, responde plenamente a las características formales de la arquitectura ochocentista barcelonesa. Es cierto que en él, aparte de pequeñas correcciones obligadas por alturas y otros factores de ordenanzas, se repiten casi textualmente los elementos auténticos y que, en realidad, no se trata de un paso de la evolución que apuntábamos, sino simplemente de un retorno. Pero hacía falta que alguien desenterrara respetuosamente aquel ejemplo extraordinario, siquiera para señalar el interés de sus soluciones. Esto, ni más ni menos, es lo que debemos agradecer a la nueva obra de Florensa y de Cases Lamolla.  Es cierto, no obstante, que no todos los arquitectos habían permanecido ciegos ante el ejemplo de nuestra vieja arquitectura. Debemos recordar aquí unas magníficas torres de Pedralbes a las que el arquitecto Gabriel Amat ha sabido dar toda la gracia de proporción y de color de una "follie" neoclásica barcelonesa. Pero, que sepamos, esta casa de la calle del Duque de la Victoria y las que se están construyendo por los servicios técnicos del Ayuntamiento, son los primeros intentos en la ciudad, si no de evolución hacia una nueva arquitectura, por lo menos de  retorno fecundo al punto de partida.
 
ORIOL BOHIGAS
Revista Destino, 20 de Gener 1951 (Any XV, nº 702, p.23)