Rubió i Bellver: Y la fortuna del Gaudinismo

l. PERFIL BIOGRÁFICO

 

Joan Rubió i Bellver nace en Reus el24 de junio de 1871. Se traslada con su familia a Barcelona donde estudia la carrera de arquitectura, obteniendo el título en 1892. Pertenece, por tanto, a la promoción «intermedia» del modernismo, y es prácticamente coetáneo de Puig i Cadafalch, Muncunill, Geroni Martorell, Valeri i Pupurull, etc., y algo mayor que la última generación ya en la frontera «noucentista>> de los Jujol, Masó, Raspall, Amigó, etc.

 

Su trabajo como arquitecto comienza en torno a Antonio Gaudí con el cual se establece como colaborador en cuanto acaba la carrera. Éste fue en realidad su verdadero aprendizaje y en toda su obra pesará siempre la impronta pedagógica de los años transcurridos en el taller de Gaudí. Es en este círculo gaudiniano donde se encuadra la importante producción teórica y práctica de Joan Rubió i Bellver.

 

Desde 1893 en que obtiene el título de arquitecto hasta 1900, su producción es mínima y su trabajo está ligado a las obras realizadas en el taller de Gaudí. Es precisamente en 1900 cuando inicia un período de producción propia. Desde 1900 a 1914 puede contemplarse una abundantísima producción con un lenguaje elaborado y peculiar. Este primer ciclo autónomo, propiamente modernista, que se diferencia de su segunda etapa 1915-1936 de elaboración más cerrada y especulativa, conoce la eclosión de su personalidad en el ámbito ciudadano y arquitectónico.

 

Rubió desarrolla su experiencia fundamentalmente en dos grandes temas: la vivienda unifamiliar, -el «chalet», la «torre», la «villa>>-, y en los edificios de tipo público, especialmente templos. Es sobre todo en el primer tipo de edificios donde, simultáneamente a la producción de otros contemporáneos -Puig i Cadafalch, especialmente- desarrolla propuestas arquitectónicas que de un modo específico dan lugar a abundantes elementos espaciales característicos.

 

La organización del edificio por agregación de células autónomas, su estructuración en torno a un espacio central de eje vertical (vestíbulo, escalinata, hall a varios niveles) y la organización constructiva de estos elementos en una forma apiramidada son constantes específicas de su producción. Junto a ello hay que señalar un lenguaje formal nacido de la tradición constructiva. Es, en realidad, el resultado de recrear expresivamente los procedimientos constructivos de tradición local mediante un análisis exhaustivo de sus posibilidades y llevándolos hasta us últimas consecuencias. Recuperación de formas constructivas y plásticas de -la arquitec~ura del pasado, reinterpretada muy libremente y siempre en un sistema de descontextualización ; intento de superación del historicismo mediante un análi is racional de los contenidos arquitectónicos de cada momento histórico; poética artesanal en La que lo recursos ofrecidos por las técnicas de la artesanía se transforman en decorativa y fastuosa explo ión. Y junto a esto, una voluntad de racionalidad con tructiva en la consideración global del edificio y en especial en su sistema estructural.

 

Como resultado má destacados dentro de esta primera etapa cabe eñalar la serie de residencias unifamiliares para la alta burguesía que se distribuyen en buena parte en la zonas suburbanas de ciudad jardín. Las casas Alemany, Golferichs, Canals, Ripoll, Casacuberta Roviralta : El FrareBlanc, etc., se encuentran entre los más apurados resultados en esta tipología.

 

El éxito de la fórmula arquitectónica es importante y prueba de ello es la notable floración de encargos de este tipo así como los premios que recibe Rubió. En 1901 una mención especial en el concurso de edificios del Ayuntamiento de Barcelona para la casa Golferichs y en 1914 y en 1916 se le concede dicho. premio a las casas «El Frare Blanc» de la A venida del Tibidabo de Barcelona y a la Torre deis Pardals en Horta, respectivamente.

 

La segunda etapa de su arquitectura podemos señalarla entre 1915 hasta 1936. Rubió trabajó como arquitecto de la Diputación Pro:vincial y luego en los servicios de la Mancomunitat llamado por Prat de la Riba, incorporándose así como técnico a la política de construcción nacional emprendida por la burguesía catalana. Buena parte de su producción en la segunda época está vinculada a este cargo. Las grandes obras de la Universitat Industrial de la calle Urgel de Barcelona, los proyectos de la Casa de Caridad, del Parque del Montseny, la remodelación del Mons Taber, los realiza Rubió como arquitecto del organismo provincial.

 

Junto a estos encargos de tipo oficial realiza también algunas obras notables para particulares tales como la «Torre deis Pardals» para D. Joan Roig Mallafré, en Horta, y la casa «Fí-Vallés» para la familia Trinxet en St. Feliu de Codinas, y las iglesias de los Jesuitas en Gijón, la del poblado de Raymat, la del «Foment de Pietat» en Barcelona, la del Asilo de Ancianos, en Igualada, etc.

 

Como rasgo más notable de esta segunda época destacaremos la continuidad, al margen de las nuevas corrientes, de su investigación del problema monumental-constructivo. Aun cuando la arquitectura de esta etapa de madurez carezca de la vitalidad de su primer período, su gran interés radica en ser la expresión de una aventura personal llevada hasta sus últimas consecuencias.

 

Esta continuidad solitaria, dramática, empeñada en sus opciones traduce toda la ambigüedad del momento cultural modernista en el filo de dos concepci.ones arquitectónicas. Por una parte se desarrolla en las obras de mayor voluntad de síntesis. Son sobre todo los proyectos de algunos templos de esta época los que intentan materializar esta síntesis de la monumentalidad que para Rubió debe ser la arquitectura del templo cristiano. La planta central, la coherencia constructiva, la unidad de estructura y forma, la jerarquía de espacios, el orden vertical, constituyen las preocupaciones centrales de esta investigación donde la superación de la construcción de los estilos históricos, del gótico especialmente, constítuye el problema de fondo .

 

Pero, al mismo tiempo, en una línea más personal, recuperando la dimensión autobiográfica de la creación arquitectónica y sin temor a exponer la fragmentación de conocimientos, la diversidad, la dificultad, en suma, de aquella pretensión de monumentalidad, surgen las obras que - como en la casa Fí-Vallés y, sobre todo, en el Asilo de Igualada- dan cuenta de la dimensión patética de,una ya imposible arquitectura de la síntesis.

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Sobre todo a través de lenguajes como el de la pedra en sec, investigado y analizado en su famoso texto de 1914, en el que el brutalismo es una versión de la elementalidad de los procedimientos, reaparecen técnicas casi surrealistas de superposición y collage, de contaminatio, de descomposición plástica y de diversificación espacial.

 

A los esfuerzos por la jerarquía y orden en al gunas obras, se contraponen el carácter episódico, desmañado a veces, yuxtapuesto, en otras. Se da cuenta así, por el lenguaje arquitectónico mismo, de la fortuna del gaudinismo, intento ya imposibl e a las puertas de los años 30 en que la cultura arquitectónica y la realidad social en Cataluña se debaten en términos de una ciudad y una arquitectura entendidas por caminos totalmente diversos.

 

2. ARQUITECTURA E IDEOLOGÍA

 

Para caracterizar de modo completo este período de 1900-1914 hay que referirse al papel público y ciudadano de Rubió en estos años.

 

Rubió militó políticamente en el sector a la derecpa de la «Lliga Regionalista». El ascenso de su prestigio personal y profesional le llevaron a presentarse en la candidatura regionalista de las famosas elecciones municipales de 1905, para Concejales del Ayuntamiento de Barcelona. No era, ciertamente el primer arquitecto comprometido en esta política de la burguesía local: Domenech i Montaner, Joan Martorell, Gallissá, Puig i 'Cadafalch, por ejemplo tenían o habían tenido actuaciones en este sentido.

 

La victoria obtenida en estas elecciones marca el comienzo de la línea ascendente de consolidación política que culminará con el establecimiento de la Generalitat.

 

Creemos que más que la labor que pudo llegar a realizar en este cargo lo verdaderamente importante es la representación que asume de una línea de pensamiento y de concepción de la ciudad en relación con las aspiraciones del naciente catalanismo político.

 

Rubió representará por un lado la incorporación de los contenidos de la arquitectura y de la concepción de la ciudad modernistas a un programa político de clase.

 

Contemporáneamente Puig i Cadafalch es quien formula mejor objetivos de política urbana recogiendo la concepción de la ciudad que de un modo implícito se ha ido configurando entre los profesionales de la edificación.

 

Sus proclamas y manifiestos en estos años no son sólo políticos en el sentido más estricto que damos a esta palabra sino que comportan una nueva · idea de ciudad. La «superación de la Barcelona del ensanche», la construcción de una «París del Mediodía », capital no ya de la Cataluña que se esta construyendo, sino. de la imperialística «Catal unyaenfora» serán posibles a través de un trazado urbano como el que ha previsto León Jausseley y con el crecimiento posible mediante la realización de una nueva Exposición Universal que permitirá e salto de la ciudad más allá de los estrechos límite con los que la retícula ortogonal de Cerdá la retiene.

 

En esta perspectiva la acción de los arquitecto es la de la construcción de los hitos de la nue a ciudad. Los centros públicos, los edificios singulares-. monumentales y representativos son el lugar r antonomasia de la arquitectura.

 

A pesar de distancias personales, de un ma)or conservadurismo y de una dependencia ideológica del sector más tradicionalista y «rural» representado por la línea Torras i Bages y por el mi m Prat de la Riba, Rubió, en las elecciones de 1905. suma a esta política «pre-Solidaria» de Puig. u programa y su acción en el municipio quiere er «la continuació de !'obra i de les grans iniciativas que ha tingut en Puig i Cadafalch». La novedad está en que estas «Grans iniciativas» que como arquitecto quiere secundar servirán por otra parte de espaldarazo político al gaudinismo que en el plano teórico está también elaborando Rubió.

 

Ésta es a nuestro entender la clave de su papel político: por una parte la presentación a la opinión pública de las obras y las ideas de Gaudí como «objetivo nacional», y por otra, la adhesión, la colaboración explícita en el plano político del gaudinismo en el afianzamiento del catalanismo.

 

Ràfols ha analizado la valoración que los contemporáneos de Gaudí hicieron de su obra. Y es significativo que prácticamente hasta 1900 no recibe éste una atención demasiado específica. Para Rafols los primeros en ocuparse de la arquitectura de Gaudí fueron los del grupo Pel i ploma. ¿ Quienes eran éstos? N o olvidemos que junto a U trillo y Casas - viejos supervivientes de «Els 4 gats»- se movían en torno a esta revista los jóvenes Cebria de Montoliu, Torres García, Eugeni D'Ors y Josep Pijoan. Pero, Ràfols afirma a continuación: «sólo con la elección de Joan Rubió i Bellver para concéjal del Ayuntamiento de Barcelona y con la aparición de la «Página artística » de La Veu de Catalunya (dirigida por Raimon Casellas y a la muerte de éste por Joaquím Folch i Torres) tuvo nuestro insigne arquitecto leales panegiristas».

 

No es pura coincidencia que en los mismos días en que La Veu llena sus páginas con los triunfos electorales de 1905 y con los acontecimientos que precipitadamente se sucedieron - Banquet de la Victoria, Asalto al Cu Cut, supresión de garantías constitucionales por el gobierno, manifiestos catalanistas y prefiguración de la alianza del bloque de la Solidaritat- se lance una de las más importantes campañas en pro de la Sagrada Familia. Y que esta campaña auspiciada por las páginas de La Veu, reciba el beneplácito de los políticos y los prohombres del país: Güell, Maragall, Prat de la Riba, Durán i Ventosa, Masó i Torrens, Lluís Serrahima, Ferrán de Segarra, etc.

 

Se produce por vez primera la traslación de un ideal devoto, religioso y expiatorio hacia un símbolo de política urbana y de identidad nacional. Por un lado la «catedral deis pobres» pasa a ser la «catedral nova» en la imagen global de la «nova ciutat» y de la «nova Barcelona». Es el mismo Rubió quien formula este traspaso dando pleno alcance político a una determinada arquitectura y a su capacidad de transformación urbana en el marco de la política propuesta por la Lliga.

 

Pero no es menos importante la segunda ~arte. Si a través de Rubió se produce la incorporación de la arquitectura de Gaudí al carro de las glorias nacionales y se considera que su obra de la Sagrada Familia es un factor aglutinante en el proceso de consolidación nacional por el hecho no ya de su significación religiosa sino por su capacidad artística de formular plásticamente los procesos de renovación urbana y unificación social, también se produce un movimiento de adhesión del gaudinismo a la empresa política en curso. El razonamiento es aquí el siguiente: el país ha alumbrado una tendencia arquitectónica de valor universal, que resuelve y da salida a los problemas insolubles en los que se debate la arquitectura actual. Esta tendencia encarnada en Gaudí y su círculo no es ajena al proceso político que vive Cataluña, sino todo lo contrario. La prueba está en los hombres del gaudinismo que asumen responsabilidades en el orden público. Rubió se presenta como el nexo de unión entre un Gaudí demasiado ensimismado y un país que necesita la savia de los grandes hombres y del genio. Rubió, más o menos modestamente, se siente. investido de esta función de cinta transportadora. En el concierto de talentos y fuerzas culturales que han de lograr la cohesión nacional no estará ausente el gaudinismo. No olvidemos que poco antes de estas famosas elecciones de 1905, Prat de la Riba había pedido a Gaudí y a Maragall que formasen parte de una candidatura de la «Liiga». Habiendo renunciado ambos es evidente que Rubió representa la presencia pública de un grupo cuyo reconocimiento se produce y se consuma precisamente en esta representación.

 

La incorporación posterior de Rubió al equipo técnico de la Diputación Provincial, llamado por Prat de la Riba, no puede interpretarse sino en los mismos términos.

 

Así, aunque la política cultural desarrollada por Prat está básicamente dominada por noucentistes no estarán ausentes de ella este sector de los «arquitectos de Sant Lluc» entre los que Rubió, como Jeroni y Bernardí Martorell o más tarde Martinell son nombres destacados.

 

Se consuma así un proceso de traslación de undiscurso arquitectónico autónomo, como el que teóricamente Rubió reconoce y comparte con Gaudí, .hacia formas más explícitamente ideológicas, comprometidas con toda evidencia en una aventura política de un sector de la clase dominante.

 

La arquitectura alcanza un valor ciudadano suficiente como para-articular una política de reconi- . posición urbana. La difusión de sus códigos permite establecer un proceso de comunicación masiva de contenidos y representaciones. La unificación social, los valores autóctonos, la tradición nacional, la transformación, se visibilizan gracias a unas obras de arte plena y explícitamente incorporadas a la lucha política que se recubre precisamente con estos mismos slogans ideológicos.

 

3. A MODO DE RESUMEN

 

Para concluir estas notas quisiera resumir muy esquemáticamente las hipótesis interpretativas que creo fundamentales en mi trabajo sobre la arquitectura de Rubió i Bellver y que serían las siguientes:

 

1.0 Partiendo de la tesis de que el fenómeno Gaudí no tiene una explicación mágica, entendiéndolo como un genio aislado, sino que entorno a él hay aportaciones y colaboraciones decisivas, la personalidad de Rubió reforzaría esta línea interpretativa no sólo en el sentido de recuperar un epígono o un discípulo, sino poniendo de manifiesto que en el conjunto del amplio acontecimiento cultural constituido por Gaudí y su influencia en la arquitectura catalana de comienzos de siglo Rubió i Bellver es una pieza esencial.

 

Efectivamente, Rubió cumple en este momento histórico una doble función: la teorización y codificación de la experiencia gaudiniana en términos tales que sea posible su presentación como un fenómeno universalizable. Rubió al dar forma sintética, precisa, a una concepción de la arquitectura, de sus problemas esenciales y de la vía de su solución; al exponer estas cuestiones partiendo de un análisis histórico interno a la propia arquitectura dentro de una ideología en la que se intenta la síntesis a la vez del positivismo y racionalismo francés del tipo del de Viollet le Duc y del de Choisy así como del idealismo platonizante de la estética neotomista de Torres i Bages, desarrolla, con unavoluntad de escuela, las posibilidades inscritas en el proyecto gaudiniano. Su pretensión fundamental mente está en proponerse como alternativa superadora de los dualismos en los que la arquitectura del siglo diecinueve se debate.

 

2.0 Este esfuerzo de Rubió no es el único pero sí el primero y el más incisivo dentro de lo que podemos llamar el círculo gaudiniano. Las propias enseñanzas de Gaudí, la hagiografia abundante y la historiagrafia posterior no han reconocido suficientemente el papel preciso de Rubió a la hora de formular - desde dentro de los intereses y preocupaciones gaudinianos- las intenciones más so bresalientes de una verdadera tradición.

 

Es necesario señalar aquí que el gaudinismo como fenómeno que surge en torno a Gaudí Y pretende una continuidad, tiene poco que ver con algunos de los supuestos ideológicos más importantes del modernisme. Paradójicamente apuntaríamos que el proyecto del gaudinismo, por su voluntad de racionalidad transhistórica, de síntesis armónica, de universidad, de trascendencia, de nacionalismo, pretende reaccionar contra el devaneo y la fugaci dad sensual de la plástica modernista. Después de la «recuperación modernista de Gaudí» como primer paso para la contemplación del «caso» en el contexto más amplio de otros «casos» contemporáneos y participando de temas y constantes comunes, puede ser útil hoy un proceso de distinción. La voluntad de futuro, frustrada y casi imposible, que alienta en la arquitectura del gaudinismo es. a mi juicio, algo que sobrepasa los límites históricos y los rasgos característicos de los que se ha convenido en llamar modernisme para hacerse propuesta más global, no exenta de cierta megalomanía, en un sentido normativo y escolástico.

 

3.0 Todo este proyecto se traduce en el pensamiento teórico de Rubió, poco conocido, aunque expuesto con claridad y amplitud suficiente.

 

Pero también se ejemplariza en su arquitectura que tiene muchas veces más valor sintomático que los concretos resultados que en éllas se encierren. Pero en el fondo de este proyecto cultural global y en cada una de las obras más afortunadas aparecen finalmente los radicales conflictos que aquella teoría y la práctica en una delimitada y precisa situación histórica no podían orillar. Finalmente, pues, la obra arquitectónica de Rubió se nos presenta como formalización precisa, agudamente expresiva, de aquellas contradicciones y de una situación finalmente conflictiva.

 

Adjetivada de este modo no supone en absoluto infravalorarla. Por el contrario, desde Riegl la crítica arquitectónica debe saber que el problema de la valoración estética de las obras de arte no depende de su adscripción a un sereno lenguaje, a una cierta forma de clasicismo.

 

La arquitectura de Rubió se produce en el seno de una crisis profunda que comportará una liquidación y un alumbramiento. Su dimensión ideológica, su carácter retrógrado como retórica de determinados contenidos, no obstaculizan su valor como lección arquitectónica sino que son precisamente la condición de su posibilidad, paradójicamente su riqueza.