Nueve puntos sobre la monumentalidad

 

Que donnereiz vous ma belle
Pour revoir votre mari?
Je donnerai Versailles,
Paris et Saint Denis
Les tours de Notre Dame
Et le clocher de mon pays.
Auprés de ma blonde
Qu’il fait bon, fait bon, fait bon.
(De una vieja canción francesa, “Auprès de ma blonde”)
 
 
1- Los monumentos son hitos que el hombre ha creado como símbolo de sus ideales, sus objetivos y sus actos. Pretenden sobrevivir al periodo que los engendró y constituirse en herencia para generaciones futuras. En este sentido, crean una conexión entre el pasado y el futuro.
 
2- Los monumentos son la expresión de las necesidades culturales más elevadas del hombre. Deben satisfacer la eterna necesidad humana de símbolos que traduzcan o expresen la fuerza colectiva. Los monumentos más esenciales son aquellos que expresan los sentimientos y el pensamiento de esta fuerza colectiva: la gente.
 
3- Todos los periodos de la historia que engendraron una auténtica vida cultural tuvieron el poder y la capacidad de crear esos símbolos. Por tanto, los monumentos sólo son posibles en periodos en los que existe una conciencia y una cultura unificadoras. Los periodos que solo viven en función del presente no son capaces de crear monumentos duraderos.
 
4- En los últimos cien años se ha producido una devaluación del monumentalismo. Esto no significa que no haya monumentos formales o ejemplos arquitectónicos construidos con esta finalidad, pero los supuestos monumentos de fechas recientes se han convertido, con raras excepciones, en receptáculos vacíos. No representan de ningún modo el espíritu o el sentimiento colectivo de los tiempos modernos.
 
5- La decadencia y el uso erróneo del monumentalismo constituyen la razón principal por la cual los arquitectos modernos han ignorado deliberadamente el monumento y se han rebelado en su contra.
La arquitectura moderna, como la pintura y la escultura, tuvo que empezar por lo más difícil. Empezó por abordar los problemas más simples, los edificios más utilitarios como viviendas sociales, escuelas, edificios de oficinas, hospitales y estructuras similares. En la actualidad, los arquitectos modernos saben que los edificios no pueden concebirse como unidades aisladas, que hay que incorporarlos a proyectos urbanísticos más amplios. No hay fronteras entre la arquitectura y el urbanismo, como tampoco hay fronteras entre la ciudad y la región. La correlación es necesaria.
Los monumentos deben construir los elementos visibles más contundentes de esos amplios proyectos.
 
6- Hay que dar un paso adelante. Los cambios producidos durante la posguerra en la estructura económica de las naciones pueden afectar a la organización de la vida colectiva en la ciudad, un aspecto que ha sido prácticamente olvidado hasta nuestros días.
 
7- La gente quiere que los elementos que representan su vida social y colectiva les ofrezcan algo más que una satisfacción funcional. Desean satisfacer sus aspiraciones de monumentalidad, alegría, orgullo y esperanza.
La satisfacción de esta demanda puede lograrse mediante los nuevos medios de expresión que tenemos a nuestro alcance, pero no es una tarea fácil. Las siguientes condiciones resultan esenciales: dado que el monumento o el edificio singular aúna el trabajo del urbanista, el arquitecto, el pintor, el escultor y el paisajista, exige una estrecha colaboración entre todos ellos. En los últimos cien años, esta colaboración no se ha producido. La mayoría de arquitectos modenos no están preparados para este tipo de trabajo en equipo. Las tareas monumentales no se les han confiado. Por regla general, aquellos que gobiernan y administran un pueblo, por muy brillantes que sean en sus especialidades, representan al hombre medio de nuestro tiempo en lo que respecta a sus juicios artísticos. Al igual que este hombre medio, experimentan una escisión entre su manera de pensar y su manera de sentir. Los sentimientos de quienes gobiernan y administran los países no han sido educados y siguen imbuidos de los pseudoideales del siglo XIX. Por esta razón, no son capaces de reconocer las fuerzas creativas de nuestra época, que podrían construir por sí solas los monumentos o edificios públicos que deberían integrarse en los nuevos centros urbanos, como reglejo y auténtica expresión de nuestra época.
 
8- Hay que planificar el emplazamiento de los monumentos. Esto sólo puede hacerse en el contexto de una planificación a gran escala que cree grandes espacios abiertos en las zonas más degradadas de nuestras ciudades. En estos espacios abiertos, la arquitectura monumental encontrará la ubicación adecuada que ahora no existe. Los dificios monumentales podrán situarse en el espacio, porque al igual que los árboles y las plantas, los edificios de esta índole no pueden comprimirse en cualquier solar de cualquier barrio. Sólo cunaod se perfile y complete ese espacio se harán realidad los nuevos centros urbanos.
 
9- Tenemos a nuestro alcance materiales modernos y nuevas técnicas: estructuras metálicas ligeras; arcos de madera laminada; paneles de distintas texturas, colores y tamaños; elementos ligeros como falsos techos suspendidos de elementos estructurales de luces prácticamente ilimitadas. Los elementos móviles pueden variar constantemente el aspecto de los edificios. Al cambiar de posición y proyectar distintas sombras por la influencia del viento o la maquinaria, estos elementos pueden originar nuevos efectos arquitectónicos.
Durante las horas nocturnas, pueden proyectarse color y formas sobre amplias superficies construidas con objetivos publicitarios o propagandísticos. En este caso, los edificios dispondrán de grandes superficies planas concebidas a tal efecto, superficies que no existen en la actualidad. Mediante el uso del color y el movimiento, y animadas con un nuevo espíritu, estas grandes superficies ofreceran un terreno inexplorado a escultores y pintores murales.
Los elementos de la naturales, como árboles, plantas y agua, contribuirán a completar la imagen. Podríamos agrupar dichos elementos en conjuntos arquitectónicos: la piedra que siempre se ha utilizado, los nuevos materiales de nuestra época y el color en toda su intensidad, que ha sido olvidado durante mucho tiempo.
Los paisajes creados por el hombre se equipararán a los paisajes naturales, y todos los elementos se combinarán en función de la nueva gran fachada, que puede abarcar grandes extensiones, tal como nos ha revelado la perspectiva aérea. Esta perspectiva no sólo podrá contemplarse durante un viaje rápido en avión, sino también desde un helicóptero parado en pleno vuelo. La arquitectura monumental será algo más que estrictamente funcional. Recuperará el valor lírico de la arquitectura. En estos trazados monumentales, la arquitectura y el urbanismo lograrán una nueva libertad y desarrollarán nuevas posibilidades creativas, como las que han empezado a percibirse durante las últimas décadas en el ámbito de la pintura, la escultura, la música y la poesía.